
El árbitro fue la diana de los rojiblancos (as.com)
Y eso que el Atleti tuvo el inicio soñado: Kun vuelve a ser el más listo y roba un balón en la frontal. Cuando el defensa se da cuenta del error, Aranzubia ya está recogiendo la pelota de dentro. Pero ni por esas. Por mucho que se empeñe el Kun en mantener su dignidad, sus compañeros están empeñados en facilitarle su fichaje por el Chelsea. El argentino, junto con Domínguez, fue lo único decente del partido: predicando en el desierto. Raúl García tuvo que retirarse y estará al menos 3 semanas de baja. Forlán vio el partido desde el banquillo.
A balón parado: terror
El Dépor, que otra cosa no tendrá pero el oficio le sobra a su entrenador, sabía que cada jugada que tuviera a balón parado iba a ser medio gol. El circo defensivo del Atleti volvió a mostrar su cara más festiva: Pablo, Perea y Antonio López siguen generosos con los rivales y el pobre Domínguez, sin entender nada. Esperemos que no contagie. Y así, con un solo defensa, el Atlético defendió mal una falta lateral y hasta dos jugadores del Dépor tocaron el balón en el área pequeña antes de que entrara en la portería de Asenjo.
Pero Pablo Ibáñez, ese hombre que debe de tener un piquito de oro para convencer a los entrenadores de que tiene que jugar, porque ya nadie se explica que siga en Primera (ni en el fútbol activo) ser reservaba su mejor número para el segundo tiempo. Hizo dos penaltis, uno invalidado por fuera de juego previo, y encima salió cabreado del terreno de juego.
Se veía venir
Desde el gol del Kun el Atleti no volvió a llegar con peligro al área del Dépor, entre otras cosas porque jugaba con un solo punta; al lado de Agüero había un tal Sinama, y los espectadores aún se preguntan qué pintaba en el campo. Después salió Simao que al menos dio más profundidad, pero sigue sin ser la sombra del que conocimos en temporadas anteriores. El caso es que el Dépor llegaba y llegaba y así, en el minuto 95 Pablo se ganó a pulso el despido fulminante con un penalti claro y de pardillo. Las protestas rojiblancas contra el árbitro fueron como soplar el gazpacho; Quique tuvo que sujetar al Kun porque se comía al colegiado, seguro que por no tirarse a la yugular del central manchego.
El Atleti volvió a colocarse el cañón en la sién y esta vez volvió a ser Pablo el encargado de apretar el gatillo. Un empate no habría sido buen resultado (ni siquiera hubiera sido justo para el Dépor), pero al menos hoy el Atleti tendría un punto más… un punto menos hasta los 45.
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