Jimmy Floyd Hasselbaink, el ariete con mayúsculas

Hasselbaink se ganó el cariño de la afición por su compromiso inquebrantable
Hasselbaink caía bien, era un tipo simpático fuera del campo, bonachón a pesar de ese aspecto que imponía al más pintado. En el terreno de juego era un fuera de serie. Un delantero de esos que viven con la portería contraria entre ceja y ceja. Era bastante habilidoso para su envergadura y poseía una potencia que le hacían casi imparable para los defensas rivales. Todas esas virtudes las complementaba con un disparo fuerte y seco, como un latigazo. En resumen, un ariete con mayúsculas.
Aquellos goles en el Bernabéu…
Jimmy “Pichichi” Hasselbaink llegó al Atleti en el verano del 99 procedente del Leeds United, donde había sido máximo goleador de la Premier. Jesús Gil pagó algo más de 18 millones de euros (3.100 millones de pesetas) por el internacional holandés. Con Claudio Ranieri en el banquillo el equipo empezaba la temporada aspirando a todo… pero acabó en 2ª.
Hasselbaink demostró desde el principio que era un delantero diferente. En plena semana de derby es inevitable hablar de aquel glorioso partido en Chamartín contra el Real Madrid. Los blancos se adelantaron y entonces apareció él. Marcó dos goles, el segundo toda una obra de arte, y fue el artífice de la última victoria del Atleti contra el eterno rival.
Y llegó la tragedia
Pero la temporada se torció. El ambiente institucional quedó muy enrarecido y hubo muchos jugadores que no dieron la cara ni estuvieron a la altura. No fue el caso de Jimmy quien, a pesar del descenso a 2ª, acabó con 24 goles, sólo superado por Salva Ballesta que se llevó el Pichichi (27). El penalty fallado en Oviedo no empaña la gran temporada del cañonero de Surinam. Jimmy también marcó el gol de la final de Copa contra el Espanyol en Mestalla.
Un año después de su llegada a Madrid, Hasselbaink partía rumbo al Chelsea donde también se ganó el cariño de la afición “blue”. Es normal, Jimmy era uno de esos jugadores que no dan un balón por perdido y que conectan con la grada por su capacidad de sacrificio. El Calderón siempre le recordará como a uno de los grandes.
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